Bases de la Impresión 3D

Los biomodelos tridimensionales pueden elaborarse usando diferentes, materiales e impresoras, a partir de la información que se obtiene al adquirir imágenes volumétricas de alta resolución que  tengan contraste suficiente entre los diferentes órganos y tejidos

de modo que se los pueda diferenciar entre sí. Usualmente se emplean imágenes de Tomografía Axial Computarizada (TAC) por su relativo fácil acceso, disponibilidad y rapidez en la adquisición, sobre todo para la impresión de modelos óseos, aunque también se ha reportado el uso de imágenes obtenidas con resonancia magnética nuclear, ecografía tridimensional y fluoroscopía.

Una vez que la información se ha obtenido en formato DICOM (las siglas del inglés Digital Imaging and Communication in Medicine), el estándar actual para el almacenamiento de imágenes médicas, se somete a un proceso llamado segmentación que consiste en identificar y seleccionar las imágenes y estructuras de interés que permitirán elaborar el modelo digital tridimensional a imprimir. Dependiendo de cada caso, se realiza un post-procesado para mejorar la calidad del objeto que se imprimirá y eliminar probables artefactos, luego de ello se convierte la información a formato STL (del inglés Standard Tesellation Language) que puede ser interpretado por la impresora 3D. Por último usando un proceso de adición que varía un poco según el tipo de impresora, las imágenes se convierten capas bidimensionales sucesivas que se van uniendo entre sí, una sobre otra, para recrear el objeto tridimensional.

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